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Los edificios pasivos, o Passivhaus, reúnen todas las características para convertirse en el nuevo estándar de la construcción moderna.

Desde hace tiempo, los edificios pasivos se presentan como un modelo a seguir a nivel medioambiental. Con el aumento del precio de la energía y una mayor conciencia ambiental, han dejado de ser una tendencia de nicho y se posicionan como una opción muy sólida para reducir el consumo energético.
 

Un edificio pasivo no es simplemente una construcción con placas solares. Se trata de una edificación diseñada de forma integral para aprovechar al máximo los recursos naturales (el sol, la orientación o el calor interno) y minimizar las pérdidas de energía a través de su envolvente.

El objetivo es mantener una temperatura constante y confortable durante todo el año en todas sus unidades, reduciendo drásticamente la dependencia de los sistemas convencionales de climatización.

El término Passivhaus proviene de Alemania (literalmente, “casa pasiva” en alemán). El primer edificio con esta certificación data de 1991 y se construyó en Darmstadt, Alemania.

Se trató de un proyecto piloto compuesto por cuatro viviendas adosadas, diseñado para demostrar que era posible reducir el consumo energético sin renunciar a la comodidad, gracias a una construcción más inteligente.

Estas viviendas lograron un ahorro energético del 90 % en comparación con las construcciones de la época, ofreciendo además un alto confort térmico y una calidad del aire excepcional. Desde entonces, los edificios Passivhaus se han consolidado como un estándar de la construcción sostenible y han ido ganando terreno progresivamente.
 

Para que un edificio sea certificado como pasivo, debe cumplir estrictamente con cinco principios básicos de diseño y ejecución técnica:

  • Aislamiento térmico de alto rendimiento: se utiliza una envolvente continua de gran espesor que protege el edificio tanto del frío invernal como del calor estival, reduciendo la demanda energética por metro cuadrado.
  • Ausencia de puentes térmicos: se eliminan los puntos débiles de la estructura (forjados, pilares, juntas) por los que suele escaparse el calor, garantizando un confort térmico homogéneo en todas las viviendas.
  • Hermeticidad al aire: la envolvente del edificio es extremadamente estanca. Se evitan las filtraciones de aire no deseadas, lo que previene patologías por humedades y mejora de forma notable el aislamiento acústico entre el exterior y el interior.
  • Ventanas de altas prestaciones: se instalan carpinterías y vidrios de baja transmitancia térmica, con cámaras de gas noble, que actúan como captadores solares pasivos y como barreras térmicas altamente eficientes.
  • Ventilación mecánica con recuperación de calor: el sistema, ya sea centralizado o individual, renueva el aire de manera constante, lo filtra de impurezas y recupera el calor del aire viciado para templar el aire limpio entrante, garantizando una calidad del aire óptima las 24 horas del día.
     

Más allá de la mejora energética, invertir en un edificio pasivo ofrece ventajas competitivas en el mercado actual que pueden aumentar la rentabilidad del activo:

  • Salud y confort del inquilino: la ventilación constante purifica el ambiente, reduce la presencia de CO₂ y alérgenos y mejora la satisfacción y permanencia del usuario.
  • Aislamiento acústico superior: el alto nivel de hermeticidad necesario para la eficiencia energética convierte estos edificios en auténticas burbujas de silencio, un valor cada vez más apreciado en entornos urbanos densos.
  • Menor obsolescencia: en un mercado condicionado por la Directiva Europea de Eficiencia Energética de los Edificios, los activos Passivhaus ya cumplen con los requisitos de “consumo casi nulo” (ECCN) previstos para las próximas décadas, protegiendo su valor de reventa.

Los edificios pasivos representan la evolución natural del sector inmobiliario. Promover o adquirir activos bajo criterios de eficiencia extrema no es solo una decisión ética, sino también una estrategia financiera inteligente para asegurar la rentabilidad a largo plazo en un mundo cada vez más costoso desde el punto de vista energético.
 

Edificios pasivos: el estándar Passivhaus y el futuro de la edificación sostenible

Tendencias10 de febrero de 2025

Edificios pasivos

Los edificios pasivos, o Passivhaus, reúnen todas las características para convertirse en el nuevo estándar de la construcción moderna.

Desde hace tiempo, los edificios pasivos se presentan como un modelo a seguir a nivel medioambiental. Con el aumento del precio de la energía y una mayor conciencia ambiental, han dejado de ser una tendencia de nicho y se posicionan como una opción muy sólida para reducir el consumo energético.
 

¿Qué es un edificio Passivhaus?

Un edificio pasivo no es simplemente una construcción con placas solares. Se trata de una edificación diseñada de forma integral para aprovechar al máximo los recursos naturales (el sol, la orientación o el calor interno) y minimizar las pérdidas de energía a través de su envolvente.

El objetivo es mantener una temperatura constante y confortable durante todo el año en todas sus unidades, reduciendo drásticamente la dependencia de los sistemas convencionales de climatización.

El término Passivhaus proviene de Alemania (literalmente, “casa pasiva” en alemán). El primer edificio con esta certificación data de 1991 y se construyó en Darmstadt, Alemania.

Se trató de un proyecto piloto compuesto por cuatro viviendas adosadas, diseñado para demostrar que era posible reducir el consumo energético sin renunciar a la comodidad, gracias a una construcción más inteligente.

Estas viviendas lograron un ahorro energético del 90 % en comparación con las construcciones de la época, ofreciendo además un alto confort térmico y una calidad del aire excepcional. Desde entonces, los edificios Passivhaus se han consolidado como un estándar de la construcción sostenible y han ido ganando terreno progresivamente.
 

Los cinco pilares del estándar Passivhaus

Para que un edificio sea certificado como pasivo, debe cumplir estrictamente con cinco principios básicos de diseño y ejecución técnica:

  • Aislamiento térmico de alto rendimiento: se utiliza una envolvente continua de gran espesor que protege el edificio tanto del frío invernal como del calor estival, reduciendo la demanda energética por metro cuadrado.
  • Ausencia de puentes térmicos: se eliminan los puntos débiles de la estructura (forjados, pilares, juntas) por los que suele escaparse el calor, garantizando un confort térmico homogéneo en todas las viviendas.
  • Hermeticidad al aire: la envolvente del edificio es extremadamente estanca. Se evitan las filtraciones de aire no deseadas, lo que previene patologías por humedades y mejora de forma notable el aislamiento acústico entre el exterior y el interior.
  • Ventanas de altas prestaciones: se instalan carpinterías y vidrios de baja transmitancia térmica, con cámaras de gas noble, que actúan como captadores solares pasivos y como barreras térmicas altamente eficientes.
  • Ventilación mecánica con recuperación de calor: el sistema, ya sea centralizado o individual, renueva el aire de manera constante, lo filtra de impurezas y recupera el calor del aire viciado para templar el aire limpio entrante, garantizando una calidad del aire óptima las 24 horas del día.
     

Ventajas de las casas pasivas

Más allá de la mejora energética, invertir en un edificio pasivo ofrece ventajas competitivas en el mercado actual que pueden aumentar la rentabilidad del activo:

  • Salud y confort del inquilino: la ventilación constante purifica el ambiente, reduce la presencia de CO₂ y alérgenos y mejora la satisfacción y permanencia del usuario.
  • Aislamiento acústico superior: el alto nivel de hermeticidad necesario para la eficiencia energética convierte estos edificios en auténticas burbujas de silencio, un valor cada vez más apreciado en entornos urbanos densos.
  • Menor obsolescencia: en un mercado condicionado por la Directiva Europea de Eficiencia Energética de los Edificios, los activos Passivhaus ya cumplen con los requisitos de “consumo casi nulo” (ECCN) previstos para las próximas décadas, protegiendo su valor de reventa.

Los edificios pasivos representan la evolución natural del sector inmobiliario. Promover o adquirir activos bajo criterios de eficiencia extrema no es solo una decisión ética, sino también una estrategia financiera inteligente para asegurar la rentabilidad a largo plazo en un mundo cada vez más costoso desde el punto de vista energético.
 

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  • sostenibilidad
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